La actual Concatedral de Castellón se construyó a partir de 1939 para reemplazar al templo del siglo XV derribado en 1936. Podría pensarse, pues, que su historia es reciente, pero nos daremos cuenta de que no lo es tanto cuando descubramos que se inició con la primera de las tres iglesias preexistentes en su mismo solar —la segunda inconclusa— cuyo origen hay que buscar en la misma fundación de la villa a mediados del siglo XIII. Muchas son las vicisitudes que se han vivido durante ese largo recorrido, pero no vamos a hablar aquí de los templos previos sino del que vemos hoy, que, a pesar de lo que pueda parecer, muestra un buen número de peculiaridades, como vamos a comprobar.
Para empezar por el principio, hablaremos de una inscripción existente junto a la portada de la Plaza de la Hierba, que conmemora el primer año de los trabajos de reconstrucción. Dice así:
XIV — JVNIO — MCMXL
AÑO PRIMERO DE LAS OBRAS
SEGVNDO DE LA LIBERACIÓN
La fecha no es casual porque alude al día de 1938 en el que los llamados “Nacionales” entraron en Castellón durante la Guerra Civil, el cual se recuerda en otros lugares de la iglesia que en las fases iniciales de su edificación, y dadas las circunstancias de la época, procuraban acabarse para cada aniversario.
El sillar en el que se lee ese texto forma parte del único muro del templo que coincide en su ubicación con su homólogo en el destruido, el de la citada Plaza de la Hierba, ya que la presente iglesia, para ganar más espacio, “se giró” unos pocos metros hacia la derecha —según miramos desde la Plaza Mayor—. En ese mismo muro, además de una de las puertas del templo anterior, hallaremos ciertos elementos decorativos abundantes en las iglesias pero puestos aquí en un emplazamiento inusual como son las fachadas. Se trata de dos claves de bóveda, de las que hay otra en la calle Arcipreste Joaquín Balaguer y dos más en la calle Colón, todas procedentes del templo del siglo XV en el que, lógicamente, ocupaban el lugar para el que realmente fueron diseñadas.
Siguiendo fuera del templo, y situándonos frente a su fachada principal, que es casi idéntica a la demolida, encontraremos otras tres curiosidades. La primera consiste en la utilización de palabras como motivos ornamentales, cosa poco extendida y que en este caso se da con las expresiones “ave maria” y “gratia plena”, cada una labrada en caracteres góticos en los sillares situados bajo las ventanas de las dos naves laterales. La segunda es el hecho, similar a lo que ocurría en el templo precedente, de que a ambos lados de la portada principal hay un número desigual de aspilleras —tres, aunque eran cuatro en la original, y dos, respectivamente—. Y la tercera, que la fachada no se ha finalizado, pues del mismo modo que falta colocar una estatua en cada uno de los tres vanos de la parte superior de la misma, los capiteles y las ménsulas de las antedichas ventanas y de las puertas laterales, así como las piedras sobre el arco conopial donde debería haber cardinas, están sin esculpir. A todo ello puede añadirse también el dato menos evidente de que cuando se reconstruyó la aludida puerta principal algunos capiteles de su lado derecho no se pusieron en su lugar original, alterando así su antigua disposición.
|
Detalle del arco conopial con las cardinas sin esculpir. |
Si volvemos a la Plaza de la Hierba y entramos a la iglesia por la portada norte estaremos junto a la Capilla de los Santos Patronos, de 1943, que es la parte del edificio que primero se terminó. No obstante, y a pesar de tal afirmación, esa zona no es la más antigua de Santa María, honor que corresponde a la portada sur, abierta a la calle Arcipreste Joaquín Balaguer, porque la misma, hoy igualmente rehecha, se levantó en 1382 para la segunda iglesia que ocupó este solar, la cual, como dijimos, quedó inacabada.
Lo dicho no es la única particularidad que muestra el interior del templo. Así, podemos señalar que la pila bautismal —también del siglo XV— se ubica en una capilla próxima al crucero, al contrario de lo que solía ocurrir en la mayoría de los casos, en los que se colocaba cerca de la entrada principal como símbolo de que el bautismo es el sacramento que nos convierte en miembros de la Iglesia, es decir, que nos hace “entrar” en ella. Lo que sí encontramos en el acceso al templo por su puerta principal son dos laudas sepulcrales, situadas en el atrio, pertenecientes a los obispos Joseph Climent y Antonio José Salinas, fallecidos en 1781 y 1814, respectivamente, cuyos restos no se conservan. No es el caso de otras dos losas, que sí guardan los despojos del arcipreste Joaquín Balaguer, impulsor de las obras de Santa María, fallecido en 1971, y del obispo de la diócesis que contribuyó a continuarlas, Josep Maria Cases, que murió en 2002. El primero se halla en el acceso lateral a la Capilla de la Comunión y el segundo en la cripta. Pero ellos no son los únicos que descansan en esta iglesia, pues al construir esa cripta aparecieron huesos humanos, procedentes de sepulturas en la cripta antigua, que se depositaron en la nueva en un pequeño osario y a quienes se recuerda también con una sencilla lápida.
Siguiendo con más curiosidades, mencionaremos que en la Concatedral se venera a la única persona canonizada nacida en la diócesis de Segorbe-Castellón. Se trata de Santa Genoveva, natural de la población castellonense de Almenara, que fue elevada a los altares por el papa San Juan Pablo II en 2003. Bajo el retablo neogótico de su capilla, realizado al año siguiente, se depositaron algunas reliquias suyas. Pero ella no es la única persona relacionada con la diócesis a la que se recuerda en este templo porque sobre la entrada a la Capilla de la Comunión, en la vidriera dedicada a la Virgen de la Cueva Santa, Patrona diocesana, se ve la figura de Bonifacio Ferrer, antiguo prior de la Cartuja de Vall de Crist en la también castellonense localidad de Altura y autor de la talla de esa Virgen. Y así se origina una nueva singularidad de esta iglesia, pues al haber en ella otra vidriera con la imagen de San Vicente Ferrer —que predicó en el templo anterior, aún en obras, en 1414 —, Santa María es una de las pocas iglesias, si no la única, en la que se hallan representados ambos hermanos.

Por otra parte, señalar igualmente que si hay algo de lo que puede presumir esta Concatedral es de su gusto por la música, pues posee nada menos que tres órganos. No obstante, el que se utiliza casi siempre es el magnífico instrumento que desde 2007 ocupa la tribuna que se alza frente a la Capilla de la Comunión. Hay otro situado en el coro sobre la puerta principal —estrenado en 1950 aunque hoy está en desuso— y un tercero, más modesto, en la cabecera de la nave del evangelio. Y para terminar, añadiremos otra particularidad que posee Santa María, esta vez relacionada con el claustro, de pequeñas dimensiones, que adopta una poco frecuente forma pentagonal, de modo distinto a los casos más habituales, que suelen ser cuadrados, rectangulares o trapezoidales.
Podríamos seguir con más curiosidades, como ciertas características del Retablo del Altar Mayor, la Virgen milagrosa del museo… pero es mucho mejor tratar de descubrirlas poco a poco paseando plácidamente por la Concatedral, envueltos por su silencio y por su paz.